Las poderosas propiedades del ajo

Este año para Halloween me disfracé de “cazavampiros”. No voy a aburrirlos con los detalles, pero el toque final de mi disfraz fue una ristra de ajos, para protegerme contra las criaturas de la noche. El baile estuvo muy divertido, mi disfraz fue un éxito, bla bla bla…. ¡Me quedó en la cocina una imponente ristra de ajos de medio centenar de cabezas!

Como buena taurina me gusta mucho cocinar y pude utilizar muchos de esos ajos en las comidas, pero, se me ha ocurrido además, compartir un poco del folclore que rodea a esta popular hortaliza.

Echa un vistazo a estos usos ancestrales que el hombre le ha dado a esta perla aromática.

La realidad es que el ajo es tan conocido en el ámbito culinario como por su uso como repelente contra vampiros. En el Drácula de Bram Stoker, el experto Van Helsing hace llevar a la víctima del Conde, Lucy, una corona de flores de ajo, y frota con ellas los marcos de la puerta, ventana y chimenea, como defensa contra Drácula.

Por supuesto que se trata de literatura, pero la realidad es que los habitantes de Transilvania, solían llenar de ajo las bocas de los cadáveres sospechosos antes de su entierro. Te preguntarás ¿sospechosos de qué? Pues bien, ellos creían en intromisiones sobrenaturales, y el ajo era lo que las ahuyentaba. También se tenía la creencia de que unos dientes de ajo en el monedero, alejaban a las brujas del oro propio.

Desde la antigüedad, el ajo se utilizaba para proteger a aquellas personas más vulnerables al mal de ojo: vírgenes, desposadas, recién nacidos (las comadronas asistían los partos con una buena provisión de ajos a mano).

Los griegos lo utilizaban para ahuyentar a las nereidas, ninfas celosas que aterrorizaban a las futuras esposas y mujeres encinta. Según Homero, el ajo silvestre fue lo que impidió que la hechicera Circe transformara en cerdo a Odiseo, y tan eficaz fue su poder, que por el contrario, Circe se enamoró de él, una prueba antigua de los poderes del ajo como afrodisíaco.

En la antigüedad, la medicina no estaba muy lejos de la cocina, el ajo era parte de la vida cotidiana, una especie de “curalotodo”. La cultura egipcia, que fue la primera en practicar la medicina tal como hoy la conocemos, describía en su farmacopea, numerosos tratamientos basados en el ajo, que fueron luego adaptados por Hipócrates, el padre de la medicina moderna.

Durante la Primera Guerra Mundial, el ajo era utilizado en las trincheras como antiséptico y antibiótico, incluso en la época se le daba el nombre de “penicilina rusa”. En la era moderna, las aplicaciones medicinales del ajo han comenzado a recobrar valor.

Hoy, la medicina alternativa lo utiliza para aliviar los síntomas de la hipertensión, regular la circulación, evitar diversos problemas del corazón y estimular el correcto funcionamiento del hígado y de la vejiga. También se considera que es uno de los alimentos más eficaces cuando se trata de desintoxicación, y su acción es tan poderosa que limpia el cuerpo de parásitos.

¿Qué tal entonces? Olvidemos entonces el olor de la “rosa fétida”, como denominan al ajo muchos autores, y disfrutemos de su presencia familiar en cocinas, jardines, y nuestro aparador medicinal.

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