Un tortuoso viaje a los 9 años solo para ser deportado

José Alejandro, un niño guatemalteco de 9 años, hizo lo que pudo para mostrar su desesperación y pedir ayuda durante las tres semanas que estuvo detenido en Artesia, Nuevo México, antes de su deportación el pasado viernes.

 

Se tiró del camarote, se golpeó contra las paredes. Golpeó a su tía, con la que viajó desde Guatemala y estaba encerrada en el mismo lugar. Gritó, pidió que lo dejaran reunirse con su mamá que vive en Estados Unidos desde hace tres años.

Al final, nadie con poder de ofrecerle refugio o una opción legal escuchó su desesperación. El viernes pasado fue deportado a Guatemala junto con su tía, mientras activistas en Nuevo México y Virginia, donde vive su mamá, trataban de conseguirle ayuda legal y la intervención de políticos.

Beatriz Ayú, de 24 años, es la mamá de José Alejandro y vive con sus esposo en el estado de Virginia desde hace tres años. El viaje a Estados Unidos  era muy costoso y peligroso para traer al niño, así que lo dejaron en Guatemala con su tía.

Pero últimamente, las alarmas comenzaron a sonar para Beatriz.

“Allá hay muchos rumores que dicen que están robando niños. Que si saben que los padres del niño están en Estados Unidos, entonces lo secuestran para pedir plata”, dijo la madre en una entrevista telefónica.

“Mi hermana estaba decidida a venir a luchar por sus hijos, así que le pedí que lo trajera. La ayuda nos costó 60,000 quetzales (unos $7,500). El viaje fue traumático. El cruce a nado por el Río Bravo difícil y aterrorizante para José Alejandro, quien le contó a su mamá por teléfono después como pensó que se moría. “Se le trabó el zapatito en una rama, vio una culebra de río que iba tras de él….tanto que sufrió y para nada”.

No es un caso aislado

El caso de José Alejandro, que pasó tres semanas con su tía en un centro para familias improvisado  por el gobierno federal en Artesia, Nuevo México, hace menos de un mes, según activistas, es un ejemplo de cómo no se les está dando a estas familias un proceso justo.

A José Alejandro le dijeron los guardias en más de una ocasión que lo iban a deportar, cosa que según abogados y expertos no solo es inhumano, sino va contra las leyes, que indican que los agentes deben informar a los detenidos de sus derechos legales en este país.

“Fue todo muy frío, sin apoyo. En ese lugar no tienen mucho apoyo, ni  servicios”, dijoXavier Benavides, un activista local del Center for Civil Policy en Albuquerque (a tres horas de Artesia), quien trató de ayudar difundiendo información sobre el caso.

“Tengo tres hijos…”, dijo Benavides. “Pensar que así trataron a un niño de 9 años me llega hasta el alma”.

Abogados que visitaron el centro de Artesia esta semana indicaron que las condiciones en el lugar son “horribles”, no hay debido proceso legal, la información y acceso a teléfonos es limitada, las madres detenidas se quejan de maltrato verbal y no conocen sus derechos, afirmaron.

La propia gobernadora de Nuevo México, Susana Martínez, que visitó el lugar hace un par de semanas, dijo a los medios locales que el lugar “no es un sitio adecuado para tener mujeres y niños”.

Beatriz, preocupada por su hijo, teme dar muchos detalles, compartir una foto. Piensa que debe intentar traerlo de nuevo, pero no está segura. “No sé, la verdad”, dijo. “Lo estoy pensando, pero todo lo que pasó mi niño es muy triste. Sólo que no sé si dejarlo allá será peor”.

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