Snowden y su relación con los JJOO de Sochi

Gracias al empeño de algunos políticos estadounidenses, el futuro destino del excolaborador de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) Edward Snowden se vuelve cada vez más claramente la piedra de tropiezo en las relaciones entre Moscú y Washington. Existen muchas fuerzas interesadas en provocar tomar decisiones prematuras a las partes.

Anteriormente, en el Kremlin dieron a entender que no podía haber especulaciones alrededor del estudio de su solicitud de otorgarle refugio temporal en el territorio ruso: el asunto está siendo examinado por el Servicio Federal de Migración y no se trata de ninguna simplificación alterada del procedimiento. A su vez, el presidente ruso declaró que independientemente del resultado del asunto, las relaciones entre Moscú y Washington no deben verse afectadas por ello:

–Le hemos advertido al señor Snowden que para nosotros es inadmisible cualquier actividad suya que afecte las relaciones entre EEUU y Rusia. No entiendo del todo cómo decidió hacerlo, pero es su destino y su elección. Nosotros tenemos nuestras metas de Estado, que incluyen las relaciones entre EEUU y Rusia. A mi modo de ver, las relaciones entre los Estados son mucho más importantes que las disputas en torno a las actividades de los servicios secretos.

Parece que están puestos todos los puntos sobre las íes: los líderes de ambos países están dispuestos, aunque sea formal y temporalmente, a cerrar los ojos ante los problemas aislados a favor de objetivos comunes. Sin embargo, algunos congresistas estadounidenses no perdieron la oportunidad de ganarse más puntos, llamando a boicotear los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, si Moscú se niega a entregar a Snowden a las autoridades de EEUU.

La iniciativa de carácter radical de renunciar demostrativamente a participar en los próximos Juegos Olímpicos fue pronunciada por el senador Lindsey Graham. El presidente Barack Obama en todo caso, debe analizar ineludiblemente, según su “competente” criterio, dicha posibilidad. “Yo les mandaría a los rusos la señal más inequívoca que se pudiese”, indicó el partidario de la mano dura en las relaciones con Rusia. Por muy extraño que parezca, inmediatamente apareció un oponente bastante inesperado de Graham: el senador John McCain, quien en más de una ocasión se había referido negativamente a Rusia.

Ni en la peor pesadilla se puede imaginar que profese algún cariño hacia nuestro país. En la Plaza Smolénskaya de Moscú (sede del Ministerio ruso de Exteriores), se le bautizó a McCain de acérrimo rusófobo. Pero, el senador literalmente se traicionó a sí mismo, al calificar como poco acertada la idea del boicot. “No creo que las últimas experiencias de cancelar Juegos Olímpicos hayan sido buenas”, dudó el político republicano.

Sin embargo, el senador Lindsey Graham y sus partidarios ,que por lo visto viven en un mundo estereotipado de los tiempos de la guerra fría, evidentemente no opinan igual. Así, el político propone todo un paquete de medidas restrictivas en relación con Rusia. Máxime que EEUU tiene acumulada mucha experiencia en ello. Basta con recordar la recientemente eliminada enmienda Jackson-Venicko el Acta Magnitski, que como compensación llegó a reemplazarla.

 Por el momento, Graham se detuvo en la variante que en su opinión causaría un daño irreparable, contundente a la reputación de Moscú. Lo más seguro es que esos sean precisamente sus motivos. Quisiéramos creer que al final prevalezca el criterio pragmático. Los atletas y sus admiradores en muchos países ya se pronunciaron contra la iniciativa del senador estadounidense.

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