Más niños cruzan solos la frontera hacia EEUU

Hace tres años, Ángel Omar Álvarez, de Bell Gardens, tomó una decisión arriesgada: que Brian Steve, su hijo de entonces 13 años, viniera de El Salvador, cruzando ilegalmente la frontera por Texas, acompañado de un primo mayor de edad.

La inseguridad en aquel país y el peligro constante al que los jóvenes allá están sometidos por el reclutamiento y amenazas de las maras (pandillas) impulsó esa decisión, que resultó en el arresto del menor por parte de la Patrulla Fronteriza y su reclusión durante dos meses en un refugio para menores de edad en Texas.

 

«Allá hay mucho peligro para los jóvenes. Las gangas los quieren reclutar, si no se meten a una los obligan de la otra. Los golpean, de hecho los que corren más peligro son los que no entran en ninguna mara, porque no tiene protección», dice Alvarez, un inmigrante salvadoreño que vino a Los Ángeles hace 12 años dejando a dos de sus tres hijos de un primer matrimonio con la mamá.

 

Cada vez son más los menores centroamericanos que vienen como lo hizo Brian, con o sin el consentimiento de padres o familiares que ya están aquí. De hecho, los expertos en el tema hablan de un surge o explosión en el número de casos, que comenzó justamente hace tres años y que dificulta atender las necesidades de estos niños y jóvenes, la mayoría de los cuales será regresado a su país de origen, por no tener defensa legal que les ayude con sus procesos migratorios.

 

«Las cifras comenzaron a subir en otoño de 2011, antes de esa fecha el Gobierno arrestaba un promedio de 6,500 niños que cruzan sin sus padres, el año pasado subió a 24,000 y este año y se proyecta un aumento que alcanzará entre 54 mil a 65 mil niños y jóvenes menores de edad», dijo Wendy Young, directora ejecutiva de KIND, organización que coordina la defensa legal de niños en esta situación.

 

Desde su fundación en 2008 KIND ha logrado reclutar la ayuda de 190 firmas legales y representar a unos seis mil migrantes menores de edad.

 

«La gente se sorprende de que no haya más niños mexicanos», dice Martin Gauto, quien durante siete años trabajó con muchos de estos niños como coordinador de CLINIC en Los Ángeles. «La mayoría de los niños mexicanos atrapados son regresados de inmediato; con los centroamericanos toma más tiempo, por eso los ponen en refugios».

 

La periodista Sonia Nazario, quien trabajó por años para Los Ángeles Times y escribió un libro sobre la historia de un niño migrante llamado «Enrique’s Journey», ahora está en la Junta Directiva de KIND.

 

«Los he visto en corte, temblando, con miedo, enfrentados a un juez y a un fiscal que los quiere deportar. No tienen posibilidades de hacer un argumento legal», dijo Nazario.

 

En muchos casos, regresar significa un riesgo para estos jóvenes. Brian tuvo suerte.

 

Gracias a KIND, logró la representación del abogado Nelson Castillo, de Los Ángeles y esta semana regresó de El Salvador con su tarjeta verde, después de ir a una entrevista en la embajada. «Estoy bien contento», dice Brian. «Allá era muy peligroso» .

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