Los esqueletos descubiertos en este espacio funerario, que los investigadores ya han bautizado como «una pequeña ventana a un panteón prehispánico», se corresponden con los de al menos 12 varones adultos. Además, los arqueólogos hallaron cuatro objetos cerámicos, «una ofrenda compuesta por dos esculturas, una olla y un cajete», así como la evidencia de más huesos ubicados alrededor del espacio funerario, informa la organización en su sitio web. Los investigadores del Centro INAH de Colima subrayan el valor de esta tumba porque se encontró sellada mientras que, habitualmente, este tipo de espacios funerarios suelen haber sido objeto de saqueos. Los arqueólogos también aseguran que se trata de la primera vez que se localiza una tumba de tiro en esta zona del país, lo que alimenta las esperanzas de encontrar más enterramientos de este tipo en la región.

El arqueólogo Rafael Platas Ruiz precisa que la tumba fue hallada a una profundidad de 84 centímetros, bajo una plancha de concreto, durante los trabajos de remodelación de la iglesia Adventista del Séptimo Día. La fosa es una oquedad de forma ovalada de 50 centímetros de diámetro y está compuesta de tres niveles de enterramiento. Dos figuras antropomorfas con rasgos masculinos y femeninos fueron descubiertas en el segundo nivel del enterramiento a una profundidad de 1,6 metros. Las esculturas miden unos 30 centímetros de alto y unos diez de ancho, aunque la pieza de aspecto masculino es de mayor tamaño. Los arqueólogos aseguran que la investigación de los objetos hallados les ha permitido determinar la época del enterramiento como a un periodo que abarca los primeros 500 años de nuestra era.